miércoles, 19 de agosto de 2015

LA CATEDRAL PAGANA DE BUENOS AIRES

 

           En Buenos Aires solo hay un edifico neogótico, pero desde luego es un edificio que tiene historia más que de sobra, para rellenar el vacío que este estilo arquitectónico tiene en la ciudad. Y eso que nunca llegó a terminarse de construir. El edifico, cuenta con muchas leyendas urbanas que tienen que ver con su construcción y con su autor. Pero como buenas leyendas, son solo eso, mentiras que se van pasando de generación en generación y que a veces pasan al papel.

            La primera de ellas, es la que dice que su construcción originaria era una iglesia, esta teoría incluso es recogida por algunas guías turísticas. Lo cierto es que la idea fue desde el primer momento, que el edifico diera cobijo a la nueva universidad de derecho de la capital porteña. Se decidió que se construiría en la avenida de las Heras, muy cerca de la avenida Pueyrredón, en pleno barrio de La Recoleta. En 1908, la obra salió a concurso, y el proyecto que se eligió fue un modelo contemporáneo. Aunque pronto se desestimó, y se convocó un nuevo concurso para buscar un edificio que imitara al estilo gótico, pues este estilo, serio y clásico, era según el consejo de la universidad el que mejor representaba el estudio del derecho. No tardaron en llegar las duras discusiones entre el arquitecto que había ganado el concurso, Arturo Prins, que defendía que construir un edifico imitando al gótico en un país moderno era indigno, además de carísimo, y los miembros de la universidad que seguían en sus trece. Evidentemente, el consejo de la universidad de derecho volvió a se salió con la suya, y  Artuto Prins, tuvo que viajar a estudiar el estilo gótico a Francia; Reims, Chartres, Chalón-sur-Saone… tras ello y ya de vuelta en Argentina,  volvió a ganar el nuevo concurso.

            La obra avanzó lentamente y en muchos periodos permanecieron totalmente paradas, pero con muchos esfuerzos, Arturo Prins consiguió construir el subsuelo, la planta baja, tres pisos con sus entrepisos, dos terrazas, un anfiteatro y cincuenta aulas. Pero el edifico no pudo rematarse por lo que ya había avisado el propio Prins con anterioridad, el edificio neogótico se había ventilado el presupuesto inicial mucho antes de que pudiera decirse que estaba rematado.

Grabado donde se muestra el resultado final de la construcción con la firma del arquitecto.
             Es en este preciso momento, cuando nace la segunda leyenda urbana alrededor del edificio, y sobre su arquitecto. Se suele contar que a mitad de la construcción, el arquitecto se dio cuenta de que había cometido un gravísimo error de cálculo, y que si seguía con su construcción el edifico se vendría abajo. Es entonces cuando deprimido por el fracaso de su obra culmen, el arquitecto Prins se encierra en su casa, para poco después quitarse la vida.

            Pero nada más lejos de la realidad, el arquitecto Arturo Prins había realizado un trabajo perfecto, y la base del edificio era férrea. Lo que realmente ocurrió fue que en 1926 se acabaron los fondos, y el edificio tuvo que dejarse a medias, como hoy se encuentra. Fue entonces cuando pasaron a hacer su trabajo los abogados, pues los contratantes se negaban a pagar los honorarios al arquitecto. El juicio duró veintidós años, desde 1940 hasta 1962. Cuando la justicia dio a razón al arquitecto, éste ya había fallecido, pero por causas de su avanzada edad.

            Finalmente la familia consiguió cobrar la deuda, la mitad concretamente.  A esta mermada indemnización, hubo que restar los intereses, los costes de la reclamación a la primera y segunda instancia, y los de la corte de justicia. Y por si fuera poco, había que contar con la alta inflación que había sufrido en esos años la moneda local. Al final lo que recibió la familia del arquitecto Prins por su trabajo, solo les dio para juntarse en torno a la mesa de un céntrico restaurante porteño y brindar por su memoria.

Hoy el edifico es ocupado por la universidad de arquitectura, pues durante los años de pleitos entre la facultad y el arquitecto, el edifico permaneció abandonado. Los estudiantes que se habían instalado en su interior, fueron trasladados años después a la nueva sede de la facultad, construida en estilo neoclásico en la avenida Figueroa Alcorta. Un edifico gemelo al que se levanta en la avenida Colón, el que en su día albergó la fundación Eva Perón, y que hoy es la universidad de ingeniería. Después de muchos años sin uso, el edifico fue recuperado y restaurado, y en su interior se instaló la facultad de arquitectura de la Universidad Buenos Aires.

 


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