lunes, 6 de abril de 2015

EL EMPÍREO DEL BAROLO


           Sobre la avenida de Mayo hay un edificio muy especial, muy diferente al resto. Como escapado de una obra fantástica de la literatura universal. Y en realidad, así es, pues el edifico Barolo es una representación arquitectónica de la obra literaria culmen de Dante Alighieri. La Divina Comedia. 

            El edifico no solo es un punto imperdible en la ciudad por su arquitectura, sino que también esconde innumerables detalles curiosos. Misterios que rodean su historia, tales como que el edificio se divide en infierno, cielo y purgatorio al igual que la obra de Dante, que en su estructura cuenta con un antiguo arrollo colonial que pasa bajo su sótano, o que tiene un hermanos gemelo en Montevideo, conocido como Palacio Salvo. Pero sin duda si hay un detalle extraño y misterioso en él, fue la idea peregrina de su dueño y del arquitecto que lo creó, de traer desde Italia el cuerpo de Dante Alighieri tras haber levantado para él un mastodóntico mausoleo en el corazón de Buenos Aires.
            Pero será otro día cuando seguramente habrá espacio para hablar detenidamente de esas y otras historias, pues hoy me gustaría centrarme en el punto más alto del edificio, pues en la torre que remata la construcción, en la cúspide, se abre una especie de ventanal corrido de ocho lados, divido en tres cristaleras verticales cada uno. En su interior se encuentra un faro de trescientas mil bujías.

            Un faro en el interior de la obra faraónica que es el edifico Barolo de Buenos Aires, de la idea realizada de crear un edificio en el que se reflejara los diferentes estados de la Divina Comedia. Un faro que representa a la perfección el Empíreo, o los Nueve Coros Angelicales.  

En su momento solo se encendía y giraba en momentos especiales, en días importantes, pero ahora, por suerte, se enciende mucho más a menudo.

Una luz, que en muchos casos puede parecer una ilusión óptica a los paseantes que lo observan por primera vez. Nadie se espera una luz tan marinera, tan costera, en el interior de una ciudad tan terrenal como es la capital de la Argentina. Una imagen que trae a la cabeza muchas novelas, películas, muchas aventuras irreales que en cierto momento, al ver girar el halo de luz sobre avenida de Mayo, o sobre la plaza del Congreso, se convierten en realidad. Un detalle que te hace pensar, al menos durante unos segundos, que va a arribar un barco fantasma en la vereda de 9 de Julio, o que un superhéroe de comic norteamericano se va a descolgar de la fachada del mítico Barolo. Algo que en la cerrada oscuridad de los cielos de la ciudad, y en lo surreal de los entrantes y salientes, de los claro oscuros, del edificio no sería tan extraño. Todo puede ocurrir en el número 1.370 de la avenida de Mayo. 

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