miércoles, 29 de julio de 2015

EL CORAZÓN DE FAVALORO




«Si algún día tenés plata, doná un poco al Favarolo. Esa institución ha hecho más por los argentinos que todos los políticos juntos», eso me comentó una señora que tenía a su hijo, con varios problemas cardiacos de nacimiento internado en el Hospital Favaloro de Buenos Aires. Fue una noche, mientras después de cenar y antes de ponerme a trabajar, charlábamos en la puerta de la residencia u hotelito donde me instalé durante una temporada hasta encontrar casa. Ella me contó un poco por encima la historia de la fundación, y de lo que hacían por enfermos que no tenían demasiados ingresos para costearse la sanidad. 

La Fundación, al igual que el hospital y la universidad Favaloro, nacieron gracias a la enorme labor de sus fundador, el doctor René Favaloro, y su gran amigo Luis de la Fuente, también médico.

René Favaloro ya había pasado a la historia antes de levantar la fundación, pues fue la primera persona que llevó a cabo un baipás coronario, mediante un injerto de la vena safena. Nació en La Plata, allí estudió medicina y ejerció por primera vez en el hospital policlínico de la ciudad. Más tarde ya con los estudios terminados, trabajó en diferentes hospitales y ciudades argentinas, para pasar en 1962 a especializarse en los Estados Unidos. Se instalaría en la ciudad de Cleveland, donde como residente colaboraría con cardiólogos locales, sería entonces cuando se interesaría por el estudio en profundidad de las arterías coronarias y su relación con el músculo cardíaco. Nacería allí comienzo de su leyenda en la historia de la medicina. 

En 1971 y tras mucho trabajo por convencerlo, Luis de la Fuente, cardiólogo y amigo, convenció a Favaloro para que volviera a Argentina a operar a la clínica Güemes, por entonces ya había realizado el baipás y los hospitales de medio mundo solicitaban sus servicios. Pero de la Fuente ─fundamental en la carrera de Favaloro, no solo por su formación americana, sino porque era la persona de mayor confianza para él, Favaloro no operaba a nadie hasta que no era diagnosticado por de la Fuente, a hasta que este le realizaba un cateterismo─, consiguió devolverlo a su país. Luis sería, el que convencería en 1975 a Favaloro para que abriera su fundación, con la intención de desarrollar en Argentina un centro de excelencia que combinara la atención médica, la investigación y la educación. Quería realizar en su país un lugar similar al que se había encontrado en su estancia en Cleveland. 
La fundación Favaloro sería un éxito, donde se daban cita los mejores especialistas en el campo de la cardiología, allí estudiaban jóvenes de todo el mundo que querían especializarse en la materia, de ese afán de enseñanza nacería en 1998 la universidad Favaloro. Durante el año 1992 se decidió abrir también el Instituto de Cardiología y Cirugía especializada en cardiología, que nació como entidad sin fines de lucro. Siempre aplicando la medicina y su práctica hacia las personas que más lo necesitaban, y a los que no contaban con suficiente dinero para poder costearse un tratamiento digno en la sanidad pública, menos en la privada. 
Durante estos años, Favaloro vivía por y para la medicina, por y para su fundación, y con la cardiología en la cabeza de forma perenne, pagando todo de su bolsillo y mediante las aportaciones privadas, sin solicitar jamás la mínima ayuda al estado o al gobierno local.
Pero en el año 2000, meses antes de que estallara el corralito, la fundación Favaloro no dio para más, las deudas habían crecido tanto que estrangulaban la buena marcha de la fundación y agotaban a René Favaloro. Intentaba sacar a flote su obra, llegando incluso a solicitar a las autoridades nacionales, que le ayudaran a recuperar todo el dinero que le adeudaban diferentes obras sociales del país. Las deudas que estas obras sociales tenían con Favaloro, podrían haber salvado la fundación, sobre todo la mayor de ellas, la que había adquirido con la fundación el Instituto Nacional de Servicios para Jubilados y Pensionados argentinos, el PAMI.
El   PAMI, negó desde el primer momento que existiera una deuda verificada, aunque sí reconoció la existencia de un viejo reclamo millonario que acumulaba facturas entre los años 1992 y el 1995, pero que no estaban registradas en los libros de cuentas del PAMI. La justicia dio la razón en parte a la fundación Favaloro, pero pidió que se verificaran los casos médicos uno por uno. La verificación no comenzaba, y Favaloro arruinado, y viendo como todo por lo que había luchado en su vida se iba por el sumidero se cansó, y el 29 de julio del año 2000 ─hace hoy quince años─, se encerró en el baño de su casa y se descerrajó un tiro en el corazón
Antes de suicidarse envió una carta a De la Rúa, presidente del país por entonces, y dejó siete cartas escritas en su casa. Entre ellas se podía leer que se había quitado la vida por culpa de la situación económica que pasaba su fundación, y por el cansancio y la desesperación que lo ahogaba a él, debido al caso omiso que de su caso había hecho la administración y la justicia del país. Seguramente, si estas hubieran obligado al PAMI a sufragar las deudas que tenía con la fundación, Favaloro no hubiera tenido que llegar a ese punto. Por cierto, el que por aquel entonces estaba al frente del PAMI en calidad de interventor ─el que aseguró que no había deuda, y se negó a pagar─, era un tal Horacio Rodríguez Larreta, que desde hace unas semanas es el nuevo alcalde de Buenos Aires. Lo digo por los desinformados, y por los de tienen la memoria frágil, para que sepan con quien se juegan los cuartos. 
Favaloro hizo mucho por el avance de la medicina a nivel mundial, y luchó mucho porque Argentina contara con un mejor servicio sanitario, más cercano, más eficiente y más barato. Hasta su suicidio sirvió para ello, pues hizo que la mayor parte de la sociedad y de la ciudadanía ─por entonces ignorantes del verdadero problema─,  se concienciara de la mala situación de la sanidad del país, lo que haría que tras muchas protestas los gobernantes se lanzasen a salvaguardar la fundación. Hoy por suerte sigue funcionando a pleno rendimiento, ayudando cada día a cientos de personas que necesitan una sanidad barata y de calidad. El tiro que Favaloro se infringió en su corazón, sirvió de nuevo para dar un espaldarazo a la cardiología argentina.

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